Tierra Sin Tiempo
“Se llamaba Marciana y siempre quiso ser bailarina. Tenía los huesos bien puestos. Y también los ojos y los senos. Y las palabras. Las palabras de Marciana sabían a labial rojo, a cerveza, a música a todo volumen. Max conoció a Marciana en el Bar Cosa Divina, en la Avenida Blanchot. En esa época Max era demasiado extraño. Tenía treinta años y tenía cara como de paloma gris. En verdad no conocía el mundo porque toda la vida la había pasado en la prisión haciendo rebotar una pelota de béisbol contra los muros para recordarle a Dios que Gary Gilmour no debía estar en el Infierno sino en una pradera de Zimbawe con su rebaño de cebras blancas y negras.”
The series was born from my adventures in Colombia, from the faces and bodies I encountered, from the tensions, glances, and gestures that reveal themselves. The images live in a threshold space, suspended between what is shown and what is hidden, where reality and imagination intertwine, immersing me in a magical realism in which the inexplicable becomes part of the everyday.
Each face holds stories that do not wish to be told. Each body carries a silent tension, as if everything could break in an instant. The street becomes both stage and refuge, while nature advances and encroaches, transforming the space into an unstable place, suspended between violence, poetry, and myth.
Here, nothing is fixed. Everything breathes, shifts, and becomes story.